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viernes, 18 de diciembre de 2015

OTOÑO


¡Qué contradictorio es el otoño! Sin dejarme arrastrar por los arcanos, cartas astrales y demás jerga de los adictos a esta divertida afición de los horóscopos, donde se dan cita los encantadores y sociables Libras, los emocionales y apasionados Escorpios y los optimistas y aventureros Sagitarios, me sigue pareciendo una estación que, al contrario de escorpios famosos y vitalistas, durante todo el año, como Pepe Plana, el más eximio “enamorado cuidador de la naturaleza” y algunos más, el resto, deseamos que el otoño se vaya, con sus ábregos, a otra parte donde lo aprecien, a pesar de los suelos alfombrados de hojas caídas, de los hayedos y robledales multicolores, de las larvas que aprovechan la pudrición, de la afanada actividad sexual de las luciérnagas, de la efímera alegría de hongos y setas… Es la estación de los difuntos, de las gripes, de la llamada a la puerta de los enfermos crónicos, para que se vayan preparando. No, definitivamente no; a pesar de haber nacido en octubre, sueño con la primavera, la luz, el sol, la vida; cuento los días que me faltan para dejarme acariciar por los benditos rayos de sol, que pugnan por quedarse hasta el otoño siguiente..
Fijaros si me produce tristeza esta época, que pese a mi disposición optimista -jamás me he deprimido- aunque sí me he sentido compasivo o triste por hechos propios o extraños y por la malhadada coincidencia de que casi todo lo no apetecible sucede en otoño que esa tristeza me trae hoy a la memoria, seguro que ya olvidado por todos, a aquel indigente que se fue en el otoño de 2012, y al que ya nadie recuerda. Lo he rememorado y a él van dedicadas estas palabras con pretensión de poema. Sí, para ti, Antonio Vázquez, mi amigo indigente de los perritos.
…Y SE FUE
Lo vi llegar con pasos inseguros
camino del rincón de su rutina
Lucía sus mejores atavíos
fundidos, tal vez,
con lágrimas de sangre y de lamentos
heñidos en la artesa de su vida
Miraba sin ver
el desfile de anónimos extraños.
y observaba los pies
de gentes caminando afanados
en busca de sus metas y objetivos,
en tanto que él,
perdida para siempre la esperanza,
asume resignado su destino
mas, sueña con colores… y con nubes
que abrevien su dolor…y lo liberen,
partiendo, sin apenas hacer ruido.
Ahora que ya te encuentras redimido
te digo adiós, Antonio, amigo

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